El origen de la bodega se remonta al siglo XVIII. Aunque la tradición vitivinícola es anterior, es en 1760 cuando nuestros antecesores la conciben como negocio.

La gran riqueza de nuestra bodega es el legado de nuestros antepasados: la tierra y los clones más idóneos, cuya selección ellos realizaron con el paso del tiempo.
El fundador, Antonio Hernández, inició la elaboración de sus uvas y creó, excavando a mano, la bodega subterránea que supuso la génesis de la actual. En aquellas cuevas, que todavía existen hoy pero no dedicadas al que fue su uso durante mucho tiempo, instaló grandes cubas de madera con una capacidad de entre 5.000 y 6.000 litros. Tales eran sus dimensiones que las cubas tuvieron que ser construidas en el interior.